Bio

Rodrigo Recabarren


En su recorrido musical realizado en Nueva York desde 2009, Rodrigo Recabarren fue estableciendo un estilo narrativo propio que combina la tradición jazzística con influencias que tomó del rock de Radiohead o de la percusión en el folclor sudamericano, representado aquí en la figura del bateristaGabriel Parra. Así, Recabarren se ha instalado como un ariete en la abundante historia de la batería en el jazz chileno, un punto de referencia entre los solistas que tomaron posición durante la década de 2010.

Recién a los 19 años Recabarren comenzó a tocar la batería. En 2001 inició sus estudios formales de percusión clásica en la Universidad Católica, y allí integró su primera agruapción vinculada con el jazz, la Big Band UC, que lideraba el vibrafonista Carlos Vera Pinto. En paralelo alternó estudios de jazz con los bateristas Andy Baeza y Manuel Páez. En esa primera etapa durante la década de los 2000 fue parte de la escena de músicos emergentes, actuando en clubes con Gabriel Reyes, Alonso Durán, Sebastián Prado y Pablo Vidal, entre otros jazzistas generacionales.

En 2009 comenzó una segunda etapa musical con su viaje a Nueva York para estudiar jazz en la NYU. Su paso por esas aulas le permitió tocar con la big band de la universidad y actuar en escenarios de Estados Unidos y Europa, realizando colaboraciones con figuras como John Scofield, Brad Shepik o Wayne Krantz. En 2012, incluso fue retratado por el realizador Eduardo Pavez en el documental El parque de los prospectos, presentado en el festival In-Edit de 2014.

Ya incorporado a la escena independiente de Nueva York, Rodrigo Recabarren ha realizado una intensa agenda de colaboraciones con músicos de la ciudad y también con chilenos radicados en distintos momentos allí: Melissa Aldana, Camila Meza o Diego Urbano. Sus proyectos discográficos editados en Chile consideran álbumes como Borderfall (2012), junto al vibrafonista Carlos Vera Larrucea; Peregrinos (2014), con el guitarristaRaimundo Santander, y Beekman vol. 1 (2015), con el contrabajista Pablo Menares.

Por Iñigo Díaz